Este blog nació un 13 de abril de 2003. Es viejo. Y prácticamente un testimonio de una etapa de mi vida que juzgo como pasada. Su razón de ser es lo que significaba en su momento, de interrogantes e inquietudes mezcladas con inseguridades y sufrimientos combinados durante años. Un tiempo en el que, al fin, ha llegado la estabilidad.
Esta calmosa estabilidad ha sido su fin. Porque el objetivo de esta bitácora no era otro sino dar rienda suelta a mis interrogantes, inseguridades, pasmeos, ilusiones, dolores y soledades en unos años que han sido, tal vez, los más decisvos de mi vida.
Ahora, poco o nada escribo en este blog. Hace tiempo creé otro, con otro planteamiento tal vez más banal. Pero fruto de una existencia menos trascendental, en la que no necesitaba plantearme interrogantes vitales de aguda trascendencia. En la que vivo y paladeo, al fin, la felicidad mínima a la que los humanos tenemos derecho o capacidad de alcanzar.
Podría explicar mis experiencias recientes desde el post anterior. Que acabé mi trabajo de subalterno toda vez que volvió la persona que estaba de baja a principios de septiembre. Que en octubre me volvieron a llamar de otro bolsín en una escuela de primaria, tres semanas. Que acabó la baja y a los pocos días vuelvo al tajo de lo mismo, precisamente empiezo mañana, otras tres semanas. Que me he inflado a cursitos para acumular la máxima puntuación en formación posible -25 puntos, que son 1250 horas- y ya tengo 24,5 (en diciembre acabaré, por fin). Que ya he publicado 90 cartas al director, lo cual es una satisfacción personal.
Pero todo esto es muy corriente, un plastocronicon de sucesos diarios. El agudo existencialismo de años anteriores se ha tamizado y fluye por otros cauces. Sigo sin pareja, pero encantado de conocerme. La soledad me llama como un habito y no como una esclavitud. Soy dueño de un rumbo vital, escogido y tan solo por eso positivo, aunque haya sido a cambio de sufrir meses de errático tránsito por desfiladeros de ortigas y cardos que me desollaban el alma. Lavo mi ropa y encoge o se arruga por misteriosos designios del lavado, pero es mi ropa y mi lavado.
Al empezar este blog con 29 años, recién doctorado, con mi primer trabajo y recién conocida la secta con la que permanezco unido pese la distancia, parecía que llegaba a la cumbre de una trabajosa etapa que abría ante mí una llanura de amable estabilidad. Una paz falsa, que llegó a ser progresivamente asfixiante y apática, y que me llevó a precipitarme al abismo de lo desconocido aprovechando un empuje sentimental. Un salto al vacío lleno de padecimientos, del que sabía que iba a salir aún sin ver el final del túnel en mucho tiempo: semanas, meses... ni en mis peores días quise volver atrás. Sin hallar nada, supe que todo valía menos recular.
Y aquí estoy, estimado blog, con mis 35 primaveras, radicado en otro lugar, con otras labores, nuevas amistades y viendo las llagas del pasado como una suave cicatriz. Te he dejado prácticamente abandonado, a veces intentaba reemprender mi escritura aún sin la prolifidad de antaño, en que los posts caían casi a diario. Pero fue imposible. Fuiste testigo de una etapa que viví, y ahora el recuerdo de lo que escribí. Incluso renové tu diseño, a costa de perder muchos comentarios que ahora lamento haber dilapidado.
Por supuesto, no te voy a borrar. Aquí quedarás, como uno más de los pasos de la Ítaca personal que voy construyendo día a día, como legajo de las tremebundas tormentas y tifones que he soportado en mi larga deriva hacia la definitiva orientación. Eres la historia personal que queda petrificada en bites arcaicos, destilada y descontextualizada. Hija de su tiempo.
Mis lectores de siempre sabeis donde encontrarme. Yo espero seguir ubicado en mi sitio, aunque eso supusiese perderme en la deriva agreste de las vidas que me quedan por recorrer.
