23 noviembre 2008

Arqueoblogía

Este blog nació un 13 de abril de 2003. Es viejo. Y prácticamente un testimonio de una etapa de mi vida que juzgo como pasada. Su razón de ser es lo que significaba en su momento, de interrogantes e inquietudes mezcladas con inseguridades y sufrimientos combinados durante años. Un tiempo en el que, al fin, ha llegado la estabilidad.

Esta calmosa estabilidad ha sido su fin. Porque el objetivo de esta bitácora no era otro sino dar rienda suelta a mis interrogantes, inseguridades, pasmeos, ilusiones, dolores y soledades en unos años que han sido, tal vez, los más decisvos de mi vida.

Ahora, poco o nada escribo en este blog. Hace tiempo creé otro, con otro planteamiento tal vez más banal. Pero fruto de una existencia menos trascendental, en la que no necesitaba plantearme interrogantes vitales de aguda trascendencia. En la que vivo y paladeo, al fin, la felicidad mínima a la que los humanos tenemos derecho o capacidad de alcanzar.

Podría explicar mis experiencias recientes desde el post anterior. Que acabé mi trabajo de subalterno toda vez que volvió la persona que estaba de baja a principios de septiembre. Que en octubre me volvieron a llamar de otro bolsín en una escuela de primaria, tres semanas. Que acabó la baja y a los pocos días vuelvo al tajo de lo mismo, precisamente empiezo mañana, otras tres semanas. Que me he inflado a cursitos para acumular la máxima puntuación en formación posible -25 puntos, que son 1250 horas- y ya tengo 24,5 (en diciembre acabaré, por fin). Que ya he publicado 90 cartas al director, lo cual es una satisfacción personal.

Pero todo esto es muy corriente, un plastocronicon de sucesos diarios. El agudo existencialismo de años anteriores se ha tamizado y fluye por otros cauces. Sigo sin pareja, pero encantado de conocerme. La soledad me llama como un habito y no como una esclavitud. Soy dueño de un rumbo vital, escogido y tan solo por eso positivo, aunque haya sido a cambio de sufrir meses de errático tránsito por desfiladeros de ortigas y cardos que me desollaban el alma. Lavo mi ropa y encoge o se arruga por misteriosos designios del lavado, pero es mi ropa y mi lavado.

Al empezar este blog con 29 años, recién doctorado, con mi primer trabajo y recién conocida la secta con la que permanezco unido pese la distancia, parecía que llegaba a la cumbre de una trabajosa etapa que abría ante mí una llanura de amable estabilidad. Una paz falsa, que llegó a ser progresivamente asfixiante y apática, y que me llevó a precipitarme al abismo de lo desconocido aprovechando un empuje sentimental. Un salto al vacío lleno de padecimientos, del que sabía que iba a salir aún sin ver el final del túnel en mucho tiempo: semanas, meses... ni en mis peores días quise volver atrás. Sin hallar nada, supe que todo valía menos recular.

Y aquí estoy, estimado blog, con mis 35 primaveras, radicado en otro lugar, con otras labores, nuevas amistades y viendo las llagas del pasado como una suave cicatriz. Te he dejado prácticamente abandonado, a veces intentaba reemprender mi escritura aún sin la prolifidad de antaño, en que los posts caían casi a diario. Pero fue imposible. Fuiste testigo de una etapa que viví, y ahora el recuerdo de lo que escribí. Incluso renové tu diseño, a costa de perder muchos comentarios que ahora lamento haber dilapidado.

Por supuesto, no te voy a borrar. Aquí quedarás, como uno más de los pasos de la Ítaca personal que voy construyendo día a día, como legajo de las tremebundas tormentas y tifones que he soportado en mi larga deriva hacia la definitiva orientación. Eres la historia personal que queda petrificada en bites arcaicos, destilada y descontextualizada. Hija de su tiempo.

Mis lectores de siempre sabeis donde encontrarme. Yo espero seguir ubicado en mi sitio, aunque eso supusiese perderme en la deriva agreste de las vidas que me quedan por recorrer.

19 junio 2008

Y vuelvo a tener trabajo

Interino en la administración pública. Llevo unos días, y ahora sí pinta mejor que que todos los trabajos anteriores. No es vocacional (subalterno), pero es tranquilo y cercano. Y he entrado dentro del circuito

A ver si ahora me "decido" y no vuelvo a quedarme sin él.

14 marzo 2008

No tengo trabajo

Me han despedido.

04 febrero 2008

Tengo trabajo

Por fin, después de tantos meses, parece que la suerte laboral empieza a sonreírme. Hoy me han llamado para comunicarme que era el seleccionado. Durante esta semana me veré con mi futuro jefe para ponerme al día, y el martes de la semana que viene empiezo. Iba a comenzar el lunes, pero como ese día estoy de viaje por Madrid han aceptado que me incorpore un día más tarde. Firmaré por tres meses, con opción a quedarme fijo si la cosa va bien.

La entrevista la tuve hace unas tres semanas, fue bien y me dijeron que me llamarían para hacer una prueba de capacidad junto al resto de candidatos que todavía tenían que entrevistar. Pasaron los días, y no me llamaron: pensé que no convencí, y que diplomáticamente me habían despachado con esa hipotética "prueba". Cogí una pequeña depre, y me fui olvidando: otra vez será, pensaba. Pero hoy me llaman cuando me había olvidado del tema, y me dicen que ninguno les ha convencido ¿Y la prueba? se la pasaron a los demás, a mí me eximieron por verme de sobras capacitado. Pues estupendo...! aunque me podían haber avisado, leñe.

El puesto es de auxiliar administrativo a efectos legales, igual que mi último trabajo; pero las circunstancias son totalmente diferentes. Trabajaré unas 25 horas diarias, de 9 a 14 horas aproximadamente: no es mucho, y consecuentemente la retribución tampoco será cuantiosa. Pero me dejará las tardes libres para ir haciendo mis cursos y mis estudios de cara a las oposiciones, que este año se presentan muy favorables. Además el lugar de trabajo está en pleno centro de la ciudad, a 20 minutos a pie, con un grupo de trabajo numeroso y desenfadado, por lo que pude ver cuando fui a la entrevista. Mi actividad, aunque oficialmente sea de auxiliar administrativo, es bastante polivalente y consiste en hacer un poco de todo allí donde haga falta. Como la pequeña empresa se dedica a planear y realizar proyectos para la administración pública relacionados con el mundo editorial, el diseño gráfico y el cómic, el tema es bastante dinámico y cambiante.

Nada que ver con mi puesto anterior, que me puso la borde de la histeria. Trabajando 40 horas semanales en un pequeño taller mecánico, en un polígono industrial enmedio de la nada, con la única compañía de mi jefa que era un portento de vehemencia y negatividad. Un trabajo nada creativo, repetitivo, gris, sin perspectivas de nada. Ni siquiera me dejaban internet, ni poner la radio. Me pasaba el día, de 8 a 18 horas, en aquél polígono industrial hasta el anochecer. Me sentía morir.

Es curioso, pero hoy -sin saber nada de lo que os he contado- me desperté con ganas de hacer "limpieza" de tipo personal. Fui a la peluquería a cortarme el pelo, luego me afeité, y me dediqué a pulir escrupulosamente mi aspecto facial. Me quité los pelos sueltos en los pómulos y el cuello fuera del perímetro de mi barba con unas pinzas. Me afeité los pelos de las orejas (tengo muy pocos, no como algunos que les sale de dentro del oído y queda horrible), y los que nacen dentro de los orificios de la nariz. Incluso algún pelo díscolo de las cejas acabó siendo ejecutado.

No soy peludo de cara, pero me dio por pulir mi aspecto. También me corté las uñas. Luego fui a comprar ropa después de meses de no renovar mi vestuario (una camisa y dos pantalones), y me sentía especialmente risueño. Lo atribuí todo a una "muda de piel" anímica, tal como hacen las serpientes, como impulso para salir de un bache personal. ¿Pero por qué precisamente hoy? ¿Acaso intuía lo que iba a pasar esta noche, al recibir la llamada? Qué coincidencias tiene la vida.

En fin, empezaré el próximo martes. Y si me echan, pues al menos tendré paro para cobrar y apreciaré mejor el tiempo disponible para abordar la recta final de las oposiciones. Desde luego, me lo voy a tomar con más calma y menos trascendencia. No está la vida tan barata como para gastarla en agobios.

03 enero 2008

Madre


Hay una mujer en la vida que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor y algo de ángel por nuestra incansable solicitud de sus cuidados.

Es una mujer que siendo joven, tiene reflexiones de una anciana, y ya en su vejez, sigue trabajando con el vigor de la juventud.

Es una mujer que siendo ignorante, descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida, se acomoda a la simplicidad de los niños.

Es una mujer que siendo pobre se satisface de la sencillez de quienes ama, y siendo rica daría con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón las heridas de la ingratitud.

Es una mujer que siendo vigorosa, se estremece con el quejido de un niño, y siendo débil, se reviste a veces con la bravura de un león.

Es una mujer que mientras vive, no la sabemos apreciar porque a su lado todos los dolores se nos olvidan, pero, después de muerta, daríamos todo lo que tenemos y todo lo que somos por mirarla un momento, recibir de ella un solo abrazo, o un solo acento de sus labios...

De esta mujer no me exijáis su nombre si no queréis que empape de lágrimas vuestro álbum, porque yo la vi pasar por mi camino.

Cuando crezcan vuestro hijos, leedles esta página, y ellos os dirán que un humilde viajero, ha dejado aquí el retrato de su madre.

Ramón Ángel Jara (1852-1917), Obispo de la Serena-Chile

25 diciembre 2007

Alla Marcia (1938)



Felices fiestas.

25 noviembre 2007

Mi ratoncito

Al salir de casa, en el umbral de mi finca me encontré un pequeño bichito blanco y desvalido que en condiciones normales hubiese muerto. No sé cómo llegó hasta allí, pero vivía. Ese mismo día compré una jaula de pájaros para meterlo, equipada con una rueda para hamsters y una casita de plástico. Al principio me costaba cogerlo, porque rápidamente se escondía. Ahora es más fácil, tal vez porque sabe que inefablemente acabaré por pillarlo, tal vez porque he aprendido como y cuando pillarlo para que no se meta en la casita.

Siempre le doy pan integral, porque necesita roer la comida para ejercitar su dentadura. Trocitos de queso, alguna hojita de verdura, y a veces una pizca de chocolate. También le puse un lápiz para que se entretuviese royendo, ya que sus dientes crecen constantemente y necesitan limarlos siempre para que no alcancen excesiva longitud, lo cual les impediría comer en condiciones. Acabó con los tres lápices de mi lapicero en una semana; así que fui a un bazar chino, cercano a mi casa en donde, pude comprar una docena de lápices por 90 céntimos. Ahora los roe con menos diligencia (la madera le gusta menos), pero siguen siendo útiles y cumplen su función.

Cada día lo pongo en el comedor de mi piso, pero al llegar la noche me lo llevó a la habitación al lado de mi cama para que me haga compañía. Su suave rumor cuando camina de un lado a otro, roe los trocitos de pan y huele si descanso todos los rincones de la jaula me relaja hasta que caigo dormido. Cada semana le limpio la jaula, aunque francamente da poco trabajo: sólo hay que quitar los excrementos -que ocupan muy poco-, restos de comida y las virutas de los lápices. Orina poco y se seca en seguida. Antes le ponía serrín para darle calor, pero se mezclaba con todo y hacía un olor muy desagradable. A veces, incluso lo lavo a él.

En verano me tumbaba en la cama boca abajo, desnudo, y dejaba que caminase por toda mi espalda. Las cosquillas eran muy agradables: un bichito así no puede estarse quieto, recorría todo mi cuerpo explorando y oliendo toda la estancia. Tuve que dejar de hacerlo, porque era tan relajante que una vez me dormí y al despertar se había escapado. Me pasé dos días buscándolo, removiendo todos los muebles de la habitación, hasta que apareció en la baranda del balcón donde llegó escabulliéndose de mis búsquedas.

Me gusta observarlo cuando estoy estresado y ver su tranquila vida, consistente en despertarse, comer, correr dentro de la rueda, limarse las garras, limpiarse el pelaje, remover los objetos de la jaula y volver a dormir. Nunca come de golpe, sino un poquito varias veces: gracias a eso se mantiene ágil. Ahora que hace frío, le he puesto una bola de algodón en el piso superior de la jaula para que se meta dentro. El resultado es que casi siempre está allí haga o no haga frío -en el comedor hace algo de fresco, pero no en mi habitación-, por simple derecho a la intimidad e incluso a la coquetería.

Cada día lo saco y lo pongo sobre el teclado de mi portátil. Se coloca en un rincón, mientras escribo o navego por internet. A veces tengo problemas por eso, porque hace sus excrementos en cualquier lugar y a veces se cuelan entre las teclas; pero como son pequeños y alargados, al día siguiente (una vez se han secado) los saco poniendo el teclado boca abajo. Y caen sin problemas; aunque a veces se quedan entre tecla y tecla, y no puedo pulsar.

Es todo un gurmet: según qué comida, no se la come si no le apetece. Últimamente he optado por dejársela hasta que se la coma, y funciona: la necesidad aprieta y se la termina. Además, cuando se le acaba vuelca el recipiente del agua o mete algodón o serrín dentro para ensuciarla, y cambia de sitio el recipiente de la comida a modo de aviso de que tiene hambre ¡no es tonto ni nada!

Cuando está sobre mi cabeza la huele, y corretea sin cesar. Es tan pacífico, que no muerde nunca; ni tan siquiera la principio, cuando lo encontré y no conocía su nuevo entorno. A finales de agosto me fui a Barcelona a ver la familia y amigos, pero los compañeros de piso se ofrecieron a darle de comer cada día. Desde entonces, tengo el animalito en el comedor cuando me marcho durante el día porque a todos les gusta verlo.

Hace casi un año que lo tengo, y es una gozada. No hace falta tener mascotas más exóticas o de cuidado más complicado para estar a gusto. Además, el destino me lo puso ahí; y no iba a rechazarlo. Y en caso de extrema carestía, siempre puedo echarlo a la cazuela (es broma).

11 noviembre 2007

El Canut d'els Diapllerons



Obra de moñacos en patués feta per es alumnos del CES Ball de Benás (Osca).

25 octubre 2007

Contrastes

Pertenezco a una asociación desde hace unos cuatro años, el ingreso en la cual supuso el nacimiento de ese blog entre muchas otras novedades en mi vida social y personal. Eso se ha traducido en una evolución, a grandes rasgos, satisfactoria: prueba de ello es que no agrada a todos, pero sí a mí.

Entre otras cosas he aprendido a sacar y aceptar mi lado oscuro o malo; porque todos lo tenemos, sin que eso suponga cometer maldades ni herir a nadie bajo ningún concepto. Un lado oscuro es una mezcla de niñerías, espontaneidades, caos, absurdidades, ironías, egoísmos, y narcisismos que necesitan ser canalizados de algún modo. Y en mi asociación he encontrado esa vía de banda ancha, anchísima, que me ha permitido integrar y equilibrar mi manera de ser.

Pero últimamente me estoy explayando en una de las listas de correo temáticas que posee la asociación. Dicha lista consiste en el absurdo total: allí se dicen payasadas, se discute y se pelea de manera abusiva e injusta, se dicen cosas absurdas y sin sentido, se espamea, se reenvía spam, se insulta porque sí, etcétera. Allí no hay límites de ninguna clase, es el dadá escrito.

Me encanta porque para una persona tradicionalmente ordenada, moderada y racional como yo es una vía de escape fabulosa. Puestos a examinarlo no tiene sentido, es inútil e improductivo; pero me encanta. Me encanta espamear, insultar a los coliseros, enviar diez o doce veces (o más) un mismo mensaje de spam sobre viagra o elongación de pene, enviar otras tantas veces un mensaje con una misma frase repetida cien veces o una serie de palabras sin relación entre ellas, empujar al resto de miembros a largarse de la lista bajo amenaza de espamear su correo, poner enlaces de videos estúpidos o de canciones de Manolo Escobar, reenviar mis mensajes y otros ajenos, insinuaciones orgiásticas y de acoso, escatologías, insultar a los administradores, etcétera.

¿Extraño? todo el mundo necesita una espita de escape: deporte (verlo o practicarlo), tomar una copa o fumar, charlar, reir, pasear, conciertos, sexo, leer, chatear, bloguear, tragaperras, quinielas, morderse las uñas, etcétera. Esto no admite normas ni condiciones lógicas: consiste en dejarse ir y dar salida a nuestro sentido del absurdo, que existe y necesita salir de algún modo. Si tan bueno es tener una capacidad de raciocinio y de pensamiento controlado con nuestra mente, creo que también lo es darle rienda suelta para que campe a sus anchas. Y cómo me río, a carcajada limpia.

¿Que parezco un loco? bueno: en cierto modo todos tenemos un grado de locura, que de alguna manera ha de ser salir, a pesar de que los convencionalismos sociales lo ponen francamente difícil. Prefiero sacarlo a golpe de mail, que de golpe cuando menos conviene. Hay mucha insatisfacción y frustración por el mundo, y no quiero estallar de mala manera. Muchas tragedias humanas se basan en eso, y no son pocas. A mí me funciona.

Y comportarme de manera absurda es una de las cosas que más me divierte: evoca un pasado infantil travieso y provocador, desprejuiciado e inocente. Enriquece y rejuvenece. Espero no perderlo.


12 octubre 2007

Mi habitación

Mi habitación es mi fortín emocional. Cinco metros cuadrados de intimidad escogida y acondicionada a mi gusto. Poco a poco la fui impregnando de cotidianidad, a la vez que me acostumbraba a su envoltura. Nada la hace especial, sino el hecho de ser mía y tener la importancia en mi vida que yo le atribuyo. Una cama, un escritorio, un armario empotrado y un pequeño balcón orientado al sur son todo el mobiliario que puedo desear para hallar la comodidad que necesito.

Mi ratoncito blanco, en su jaulita, me acompaña durante las noches. Lo encontré en el portal de mi fica -sorprendentemente vivo- y me lo llevé. Me da la vida y la ilusión que a otros les proporciona cuidar una planta o mirar un acuario. Me relaja mirar su vida diaria, libre de imposturas y deberes, sin lógicas colectivas ni pensamientos que justifiques cada movimiento. Al lado de mi cama me tranquiliza, y me duermo. Durante el día lo pongo en el comedor del piso compartido.

Mi portátil es mi vehículo de comunicación con el mundo exterior, dejando aparte la actividad diaria a pie de calle y aula. Ver el correo diario, mis dos blogs, mis listas de correo, otros blogs y algunos diarios electrónicos me bastan para saciar mi espíritu crítico y estar al tanto de la actualidad cotidiana. Me gusta leer puntos de vista muy diferentes, sobretodo los más distanciados de mis tesis, o incluso los más radicalizados: me gusta indignarme para sentirme vivo. Ser inconformista con lo que otros escriben y piensan. No caer en la abulia. El día que pierda la capacidad de ser critico con algo o alguien seré tan previsible como un fiambre en su caja de pino.

Nadie controla mis entradas y mis salidas. A nadie debo explicaciones, no se las debo más que a mí mismo. A veces me apetece tomar un té con leche en la Croissanteria de Avingudes a medianoche. No importa. Quince minutos a pie, abierto 24 horas, gente que viene y va. Duermo de día, vivo de noche, o viceversa según mis quehaceres. Nada es fijo. Me obligo porque me gusta. Me agrada obligarme porque soy yo quien manda.

Ahora escribo estas líneas a las 6 de la mañana porque me he despertado con ganas de escribir. Al empezar supe de qué iba a escribir, al hacerlo supe cómo plasmarlo, al acabarlo vuelvo a este lado del espejo. Me fascina el camino recorrido en varios párrafos, surgido de la nada en pocos minutos. No parece mío. Da vértigo verlo y verme.

Mi habitación siempre está en penumbra, con las cortinas corridas. Así entra una luz suave al alba, que despierta sin cegar. Así me despierto lentamente en un entorno suave que ayuda a pasar del dulce sueño al mundo exterior. Tras un día bueno o malo, un día relajado o agobiante, sé que mi habitación está ahí. Y dentro de ella todo cambia. Tengo mi aire para respirar y mi entorno para vivir las últimas horas del día.

A veces no entiendo cómo puede ser necesario vivir en un espacio mucho más grande, desde un piso a una casa, viviendo solo. No necesito más, por ahora. Cuando llegue el momento de compartir destinos con otra persona me lo replantearé; aunque mi espacio propio nunca dejará de existir, sea habitación, rincón, o cama. Mi habitación contiene todo lo que necesito, que es poco, pero adecuado. Tal vez por eso me ha costado tanto tiempo conseguir que sea así.